Rescates bancarios 2.0. La cuestión cosmética

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Estos últimos días se viene hablando de Portugal por la quiebra y posterior rescate del Banco Espirito Santo (BES), la mayor entidad del país. El modelo puesto en marcha esta vez por el Banco de Portugal, el regulador del sector financiero, es el siguiente: El BES se divide en dos, por un lado el «BES malo», en el que se acumularán todos los activos tóxicos y que seguirá perteneciendo a sus accionistas y el «BES bueno», bautizado oficialmente como Novo Banco, en el que se quedarán los activos sanos. Aún así la entidad necesitará 4.900 millones de euros para sanearse.

El Novo Banco se lo quedará el Fondo de Resolución Bancaria, una hucha en la que participan las entidades financieras y aseguradoras del país. El problema es que ese mecanismo sólo cuenta con 182 millones. El Banco de Portugal obligará a al sector a llegar hasta 500 millones. Los otros 4.400 vendrán de un fondo para salvar bancos que se creó cuando el país fue rescatado, es decir, que procede del dinero que todos los portugueses le deben a la troika.

Como es lógico el supervisor ha sacado pecho por su particular cuadratura del círculo. En primer lugar, no se está nacionalizando el BES porque el Novo Banco pasa a pertenecer a un fondo privado en el que participa el sector financiero. Los 4.400 millones de euros se aportan al Fondo de Resolución Bancaria en forma de préstamo y se tendrán que devolver con el consiguiente interés. Además ese dinero sale de una hucha para asistir a bancos que ya tenía concedida Portugal por parte de la Troika, no es dinero nuevo, con lo que no sube la deuda ni afecta al déficit.

Pero el diablo siempre está en los detalles y al rascar un poco se descubre que en lo único que se ha puesto cierto empeño es en el envoltorio, preparado a conciencia para que los portugueses no descubran que todos los rescates se parecen. «La palabra ‘nacionalización’ ha sido expulsada del discurso oficial», dice en esta información  el semanario luso Expresso, y añade, «el Gobierno ni siquiera quiere aparecer en la fotografía» al dar en un Consejo de Ministros extraordinario celebrado de noche el mando de la operación al Banco de Portugal.

Esa es la actitud que evidencia que hay dudas. Porque ¿Qué pasa si el Novo Banco se vende por menos de lo que ha costado rescatarlo? ¿Podrá en ese caso el Fondo de Resolución Bancaria, es decir, el sector financiero, devolver todo el préstamo o acabará pagando el Estado? Veremos. De momento, lo que los diseñadores de la operación dicen es que ya se está castigando a los accionistas del BES, porque a ellos se les ha dejado la basura. Aún así no todos los accionistas son iguales. No es lo mismo la familia Espirito Santo, el Credit Agrícole, Bardesco o Goldman Sachs que aquellos que se vieron con el traje de accionistas creyendo que todavía llevaban el de ahorradores: los pequeños. Porque que te vendan participaciones cuando la entidad ya tiene problemas importantes que el regulador no ve no es plato de buen gusto. Como dice este columnista del diario portugués Público, después del caso BES «habrá otro, y otro, y otro. Casos en los que los clientes de un banco serán incitados (o presionados) a comprar acciones de ese banco o del banco de un primo para después ver que su dinero desaparece por un agujero que, en el fondo, tiene un embudo que acaba en los bolsillos de una de las familias dueñas de Portugal.» Vamos, como las acciones de Bankia, las preferentes, o las cuotas participativas de la CAM.

Porque en este casino una entidad puede pasar de ser de las mas grandes a ser «lo peor de lo peor» como dijo el ex gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordoñez, de la Caja de Ahorros del Mediterráneo. Así que pese a los esfuerzos del Banco de Portugal, diremos que la «operación BES», principalmente la cosmética, es parecida a la «operación CAM». En octubre de 2011, 5 minutos antes de salir de Moncloa, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero aprobó una reforma del Fondo de Garantía de Depósitos. A partir de ese momento además de garantizar el dinero de los depositantes (hasta 100.000 euros) en caso de quiebra de una entidad, esa hucha serviría para pagar rescates. Ese fondo lo llenan los bancos, las cajas y las cooperativas de crédito así que el mensaje era sencillo: a partir de ahora la fiesta la pagará el sector, igual que lo que se ha querido transmitir en Portugal. Lo malo es que casi nadie, o nadie que mandara, anticipó la que se venía. La CAM se comió gran parte del pastel. Después llegó la madre de los rescates: el de Bankia (aunque luego hemos visto que el de Catalunya Caixa tampoco se ha quedado corto). Así que vino la Troika y la deuda pasó a ser pública. Esto último ha sucedido al contrario que en Portugal, la Troika ya estaba allí, aunque el orden de los factores no altera el producto: el ciudadano paga.

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