REPORTAJE

Periodistas en el alambre

  • Casi la mitad de los becarios declaran no recibir remuneración, según la APM
  • Cuatro de cada diez periodistas llevan sin trabajar tres o más años
  • Nuevos medios digitales confirman un modelo de negocio rentable
  • La robotización de tareas es también una amenaza en esta profesión

El mapa de la precariedad periodística en España deja más de 12.000 despidos desde el comienzo de la crisis, un aumento de los profesionales por cuenta propia y una sensación de incertidumbre. Aunque también se ven brotes verdes con los nuevos medios digitales y algunos periodistas de plantilla reconvertidos en freelances confiesan que ahora les va mejor, o que por lo menos escriben y dicen lo que les apetece.

“En todo el tiempo que llevo colaborando jamás me han ofrecido un contrato”, dice un periodista que prefiere mantener el anonimato, colaborador habitual en las páginas de cultura de una de las grandes cabeceras de España. El oficio de informador nunca fue un camino de rosas ni de buenos sueldos, excepto para las estrellas mediáticas. “Quien quiera ganar dinero se equivoca de sitio”, dicen otros profesionales. Sin embargo, sorprende el maltrato sistemático a una labor que tiene una función social reconocida como una de las bases para una sociedad democrática. Se olvida, quizá adrede, que la información es un derecho.

El público repara en esa función social cuando surgen casos como ‘Los Papeles de Panamá’. Recordamos que a principios de abril de 2016 vio la luz la mayor filtración informativa de la historia del periodismo. Más de 100 medios de comunicación de casi 80 países difundieron documentos confidenciales del bufete de abogados panameño Mosack Fonseca. Un volumen de información (unos 2,6 terabytes) gestionada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), donde colaboraron unos 200 profesionales de todo el mundo. Una mega investigación que destapó los trapos sucios de empresarios, banqueros, políticos…

Sin embargo, entre los miles de ‘clicks’ de contenidos virales que inundan la ‘red’, estos ejercicios de denuncia y salud democrática se olvidan pronto y, por lo tanto, el reporterismo cotiza a la baja. Sobre todo en España, donde el periodismo es el segundo gremio profesional, sólo por detrás de la construcción, más afectado por la crisis financiera, según datos del Sindicato de Periodistas de Madrid (SPM). “A partir de 2008 el panorama empeoró. Como no existen cifras oficiales, no se sabe cuánta gente han echado a la calle, pero se calcula que han sido más de 12.000 despidos”, asegura Agustín Yanel, secretario general de la Federación de Sindicatos de Periodistas (FeSP).

En este sector, además, coinciden tres coyunturas: la crisis económica, la caída de los ingresos publicitarios y el fin de un modelo. Internet y, sobre todo, los dispositivos móviles, han cambiado las reglas del juego. Por el camino se esfumaron emisoras como Punto Radio, televisiones como Localia, Veo TV, revistas como Zero, La clave y centenares de medios de comunicación, locales y comarcales, que no han trascendido a la agenda mediática. Los medios pasan por un momento de transición donde, por ejemplo, en prensa escrita conviven diarios de la vieja guardia, que ven caer las ventas de papel en un pozo sin fondo, con ‘nuevos’ periódicos online que se manejan con plantillas más pequeñas y donde algunos ya son rentables: eldiario.es, El Confidencial, Público, etc.

Y en medio de la batalla, los periodistas, que tratan de orientarse en este paisaje mutante. Hoy, hay que pensárselo dos veces para estudiar esta carrera o abocarse a una formación interminable. Sin embargo, este año ha vuelto a aumentar el número de estudiantes de periodismo. Otro fenómeno que contribuye a la precariedad laboral. Según el Informe Anual de la Profesión Periodística de la APM 2016 (encuesta profesional de la Asociación de la Prensa de Madrid) el número de matriculados fue de 21.662, un 8,9 % más que el pasado año. Un exceso de titulados que además se quejan de unos planes de estudio que no se ajustan a la profesión.

La vocación como trampa laboral

Pero el periodismo es una profesión muy vocacional, liberal y con un punto bohemio. Muchos aguantan carros y carretas por contar lo que ven, y reconocen su parte de culpa en la situación. “Pues sí, pasamos por el aro con todo, aceptamos lo que sea. La vocación tira mucho y algunas empresas se aprovechan de eso”, dice Beatriz Fernández, una periodista madrileña que ha vivido su primer empleo como una pesadilla. “Yo entré de becaria en esta radio cobrando 200 euros al mes. Luego me contrataron por 600 euros, por ocho horas diarias, pero con categoría de auxiliar administrativo. Era una práctica habitual en la empresa”, declara Beatriz. La empresa era Gestiona Radio, cuya situación financiera repercutía siempre en la plantilla. “A mí y a muchos compañeros nos deben nóminas desde hace meses. Además, la comunicación era nula y encima no teníamos ni comité de empresa ni sindicato al que acudir”, rememora Fernández.

Pero hay casos para todo, algunos muy arriesgados como el del reportero freelance, Antonio Pampliega, quien por esa vocación llegó a pedir un préstamo de 10.000 euros para convertirse en corresponsal de zona de conflicto. Pampliega, que pasó dos años como becario, se hartó de malgastar su talento entre cuatro paredes y en enero de 2008 partió rumbo a Bagdad. Su ilusión era vivir de su oficio, recuperar la inversión y cumplir con esa máxima que se presupone a la tarea de informar: despertar conciencias y mostrar lo que pasa en otros lugares, aunque sea arriesgando el pellejo.

Claro que su sueño chocó con la realidad del mercado, donde es habitual que paguen entre 35€ y 50€ por crónica, aunque uno teclee en su ordenador con las balas silbando sobre su cabeza. Una situación lamentable que el periodista denunció en Pagar por ir a la guerra, un artículo publicado en El País, donde describe la minusvaloración de un trabajo muy peligroso. De hecho, Pampliega, en una de sus incursiones, fue secuestrado en Siria. En un vídeo cuenta su periplo y también que ahora empieza a ver la luz al final del túnel, pero esa luz no se la ofrecen medios españoles, sino extranjeros.

 

“Los freelance van por libre y son uno de los objetivos del sindicato porque están especialmente desprotegidos. En Europa, al contrario que en nuestro país, esta figura tiene una regulación legal. Un freelance colabora con un medio y paga su seguridad social, una cuota adecuada, no como aquí, y si por circunstancias se queda sin trabajo tiene derecho a una indemnización, a 15 días de vacaciones… Nosotros siempre proponemos que se regule esto en España”, revela Agustín Yanel.

Así, muchos profesionales se sienten perdidos porque la valoración de los temas es un arcano de difícil solución. “Mira, yo colaboro con una página web de un gran medio y ahí les da igual si escribes un tema desde una trinchera o haces una entrevista en un salón de té. Te pagan 35 euros brutos hagas lo que hagas”, confiesa otro colaborador de prensa anónimo. “La valoración de los temas dependen del medio, pero los criterios para mí son inescrutables. A veces haciendo una sección fija cobras 56€ y otra semana lo mismo vale 46€”. A muchos no les salen las cuentas.

Y luego están los becarios. Algunos incluso se dejan asignaturas pendientes para seguir de prácticas porque saben que cuando acaba el periodo de adiestramiento las posibilidades de ser contratado son casi nulas. De esas ganas se aprovechan determinados medios de comunicación que consiguen de esta manera una cantera inagotable de mano de obra barata. El Informe de la APM lo refleja muy claro. En la encuesta, el 48,1 % de los becarios declararon no percibir ninguna remuneración por su trabajo y 4 de cada 10 (el 40,7 %) no contaron con un tutor durante su periodo de beca.

Un ejército de autónomos y parados

Los entrevistados coinciden en señalar que seguirá habiendo periodistas contratados, redacciones, proyectos y nuevos medios de comunicación, pero la mayoría debe hacerse a la idea de que la salida más habitual será la de funcionar como autónomo, con esa cuota implacable que roza los 300 euros al mes, ganes lo que ganes. “Pues sí, es tremendo, además, muchas veces se retrasan los pagos, sin embargo, tú tienes que abonar tus facturas puntualmente”, se queja otro periodista que prefiere no desvelar su identidad.

Existe además una discriminación, según datos de la APM, con esta figura profesional a todos los niveles. El primero es la gran brecha entre las condiciones salariales de los contratados y los autónomos. En el caso de quienes perciben menos de 1.000 euros, el porcentaje de autónomos prácticamente cuadriplica el de contratados, pero hay más, porque la precariedad también se refleja en una discriminación respecto a los compañeros que habitan las redacciones.

“Mira, yo sólo he participado en dos reuniones de esta publicación, en la que llevo años colaborando semanalmente, y las dos fueron para que nos dijeran que íbamos a cobrar menos. Te ves fuera de lo que se está cociendo en el medio. No formas parte de las decisiones ni siquiera para asuntos importantes que te afectan directamente, como que se adelante la fecha del cierre de un número. Ha habido ocasiones en que he llegado a la redacción y de repente me he enterado de que había que dejar todo hecho esa misma tarde”, señala un colaborador.

Claro que la peor parte es para aquellos que llevan sin trabajo más de tres años. Han pasado entre 2015- 2016 del 27,9 % al 42,5 %. Y si diferenciamos entre sexos, las mujeres engrosan las filas del desempleo por encima de sus compañeros masculinos. En total, el número de mujeres periodistas en paro es de 5.029 y el de hombres 2.861, según datos del Servicio de Empleo Público Estatal, del Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Desde la APM advierten de que estas cifras son inferiores al número real, pues no todos se dan de alta como demandantes de empleo en las oficinas destinadas a ello.

Reconvertirse o morir

En este maremágnum de datos desoladores y situaciones precarias, también los hay que han sabido coger las riendas de su profesión y reaccionar a tiempo. Otros, los menos, confiesan que les va incluso mejor que antes. “Yo he tenido suerte y eso que he visto despedir a compañeros de redacción. Es muy doloroso, pero no voy a compartir eso de que el periodismo ha muerto. Yo ahora trabajo en una empresa que es como un oasis, con buenas condiciones laborales y una propuesta de buen periodismo con contenidos interesantes”, asegura David García-Maroto, redactor de El Independiente, en el área de economía, uno de los últimos medios en unirse a la nueva hornada de periódicos sin papel.

Otro ejemplo es Gonzalo Vasco, madrileño y periodista freelance, especializado en economía, negocios y relaciones internacionales, que ya lleva dos años por su cuenta y colabora para más de 10 medios de comunicación. Antes estuvo cinco años contratado en un periódico de gran tirada. Lo dejó porque quería ejercer un periodismo en el que creía, poner sus propias reglas, organizarse y vivir de acuerdo a sus valores profesionales. De momento, está ganando la apuesta.

“Salí del periódico porque quería hacer más cosas, cubrir más temas, tener un horario mejor, ganar más dinero... Vi que la profesión que elegí desde los 13 años podía desaparecer y llegué a la conclusión de que necesitaba luchar con mis propias armas. Mi idea es apostar por el periodismo en el que creo”, explica Gonzalo, quien confiesa que ahora es cuando comienza a recoger los frutos. ¿Dónde está el truco?

“Pues en mi caso, cuando empecé de freelance, me di cuenta de que mi éxito no dependía ni de mi sacrificio ni de mi capacidad o formación sino de mi modelo de negocio”, subraya Gonzalo, “hay que concebirse como una empresa. Cuando haces esto entiendes cosas como diversificar el riesgo, es decir, no depender de un solo cliente, marcarte objetivos de ingresos y hacerlo en periodos definidos, gestionar tus tributos, especializarte…”.

Más consejos. “Debes ocupar tu tiempo de manera racional y dedicar más tiempo a lo que tienes que hacer, por ejemplo, yo dedico más horas a generar contenidos, pero la tributación y otros asuntos debo subcontratarlos”, afirma Gonzalo. “Uno tiene que seleccionar sus batallas. No se puede estar a todo. Cuando te vas a hacer freelance debes hacer una reflexión, ver a qué te vas a dedicar, etc. Las preguntas son: ¿quieres sacar un 10 en redes sociales?, ¿quieres sacar un 10 en tu página web?, ¿quieres sacar un 10 en contenidos? Yo lo tengo claro, le dedico a las redes sociales lo imprescindible y me centro en lo que me interesa. Tú marcas tus prioridades”.

La robotización de las redacciones

Por el horizonte, además, llegan los robots. Un rumor cada vez más ruidoso que parece remitirnos a un escenario de ciencia ficción, pero que es real en cabeceras como Le Monde y agencias como AP, que ya los utilizan para producir información. No son ciborgs al estilo Terminator, sino programas informáticos que transforman los datos en información legible.

García-Maroto, de El Independiente, le quita hierro al asunto. “Qué quieres que te diga, el análisis, el entender bien las cosas, el profundizar en los temas… dudo mucho de que eso lo pueda hacer un robot en un futuro”. La clave para los periodistas entonces será huir como de la peste de los ámbitos de poco valor añadido, del ‘click’ fácil “porque eso se va a automatizar de aquí a 10 años. A corto plazo, te puede servir, pero a largo plazo es suicida”, opina Gonzalo. Sólo hay que echar un vistazo a la web de esta empresa www.narrativescience.com para darse cuenta de que ya hay plumillas que ni se quejan por el sueldo ni piden vacaciones.  

“Dicen los expertos que las tendencias fuertes en EEUU terminan llegando al resto del mundo. Hay que cambiar el chip. En España el individualismo y ser tu empresa está mal visto. Se piensan que esto es venderse o dar al cliente lo que quiere. Eso no es cierto. Algunos dan por hecho que no vas a decir la verdad o lo que tú crees y eso es falso. Esto es importante”, remacha Gonzalo, quien aporta una última pista para estos tiempos de incertidumbre:

“Es muy importante la paciencia. Puede ser que haya periodistas que pierdan la paciencia a la hora de ganarse la confianza de las publicaciones. Dos años es un umbral razonable para consolidar una relación de confianza, algo similar a lo que ocurre con las parejas. Tú no te vas a comprar una casa con una persona al año de estar saliendo. Esa relación hay que cuidarla. No hay que desesperarse. Creer que lo puedes conseguir a corto plazo es un error. No es fácil, sobre todo a determinadas edades, pero se puede hacer”.

*Especial para Fuego Amigo

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¿Te ha gustado? Tenemos más contenidos del monográfico 4, dedicado a la precariedad.

One Response to "Periodistas en el alambre"
  1. Antonia dice:

    Chicos/as sois admirables,veo afortunadamente que hay mucha juventud que tiene unos principios y lucha por ellos. Y luego esta la otra parte de informativos que hablan del toreo del cordobés o de la Pantoja. En fin que España de pandereta. Os doy la enhorabuena por este reportaje. Ánimo.

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