REPORTAJE

Las páginas verdes de la política española (I)

  • PP, PSOE e IU ¿quién se ha preocupado más por el medio ambiente?
  • El panorama en la década de los setenta era desolador

Es frecuente aceptar el vínculo entre los movimientos ecologistas y los partidos de izquierda. Sin embargo, la historia del movimiento verde nos recuerda que las alianzas en defensa de la naturaleza se han establecido con una gran variedad de ideologías políticas. ¿Cuál ha sido su evolución en España? Para saberlo hemos analizado los programas de los principales partidos nacionales.

La consideración del medio ambiente se asocia, en el discurso más extendido, a partidos y movimientos dentro del espectro ideológico de la izquierda. Sin embargo, el vínculo con la naturaleza entre movimientos de extrema derecha, tanto en el pasado como en el presente, es habitual.

Muchos de sus dirigentes eran veganos, pero, además, durante el III Reich se aprobaron algunas de las leyes más avanzadas en materia de protección de animales y de la naturaleza. Heinrich Himmler narró el horror que le produjo asistir a una corrida de toros, a la que le había invitado Francisco Franco, en Las Ventas, durante su visita a España.

La Nouvelle Droite francesa –que defiende las tradicionales posturas de la derecha en materia de inmigración, nacionalismo o contra la lucha de clases– mantiene entre sus políticas más destacadas la defensa del medio ambiente. En su manifiesto apelan a “un ecologismo integral que sobrepase el antropocentrismo moderno y la consciencia de una co-dependencia entre el hombre y el cosmos”

El bombardeo sobre Yugoslavia, en 1999, alió a algunos partidos socialdemócratas europeos (entre ellos, el PSOE) con la OTAN y con posiciones defendidas por partidos conservadores en materia de política exterior y defensa. Otro de los grandes aliados de la OTAN para llevar a cabo los bombardeos fue el entonces Ministro de Exteriores alemán, Joschka Fischer, de Los Verdes.

Lo cierto es que en la filosofía ecologista no hay nada que determine una aproximación a ideologías políticas de izquierda, ni nada que impida la defensa de posturas conservadoras o de extrema derecha en el resto de áreas desde un movimiento ecologista. Carlos González presenta en este número un artículo sobre los nipster, una tendencia entre grupos de extrema derecha, que adoptan rasgos de la cultura hipster, entre los que se encuentra la sensibilidad medioambiental y la asunción del veganismo.

Pero, en España, ¿cómo se ha configurado el ecologismo? ¿Qué partidos han mostrado mayor preocupación y han impulsado la protección del medio ambiente? En esta pieza lo comprobamos rastreando los programas electorales de los tres partidos que han mantenido durante más legislaturas el mayor número de votos en las elecciones generales desde 1977 hasta 2015: Alianza Popular/Partido Popular, Partido Socialista Obrero Español e Izquierda Unida.

En esta ocasión seguiremos un orden cronológico en el rastreo programático. De este modo, podremos observar una dimensión de la historia del movimiento ecologista y, sobre todo, qué partido impulsó las iniciativas, y si consiguió que el resto lo incluyera en sus agendas.

Los desérticos años setenta

En 1977, el panorama en materia medioambiental en España era tan desalentador como perderse en Los Monegros un 31 de julio. Tanto Alianza Popular como el PSOE (en ese momento IU aún no se había gestado) apenas le dedicaron unas líneas.

AP hacía mención a la cuestión, en una curiosa mezcla de ideas, empleando el concepto de ‘medio ambiente humano’:

“El planeamiento y control del medio físico, acometiendo la ordenación territorial, el desarrollo regional equilibrado, la ordenación urbana y calidad de la vivienda, la defensa y protección del medio ambiente humano y la conservación de la naturaleza y el control de los desechos”.

El PSOE recurrió a ideas similares, refiriéndose al “entorno del hombre”, y dedicando un espacio a aclarar el significado del concepto: “el medio en el que el ser humano desarrolla su actividad vital completa”; para evitar que alguien se perdiera entre tanto progresismo medioambiental. Las medidas propuestas se reducían a sanciones contra aquellos que dañaran el medio ambiente. Pero eso sí, se cerraba el tema con una contundente y tranquilizadora afirmación: “Es necesario preservar el medio ambiente”.

Uno de los elementos más llamativos es que ambos partidos coinciden en encajar la consideración del medio ambiente en un bloque denominado ‘Calidad de vida’. Hasta aquí todo bien. Lo sorprendente resulta al descubrir las políticas que se incluyen en esa sección: mujer, tercera edad o juventud. El escaso espacio dedicado, los compañeros de travesía política y la ubicación del tema en la estructura de los programas levanta sospechas sobre el bajo interés que despertaba el tema en el momento.

Los programas de 1979 ampliaron la presencia de la ecología, pero sólo cuantitativamente. En Alianza Popular se percataron de que el cuidado del medio ambiente podía impulsar el empleo y, así, se les ocurrió proponer “la creación de brigadas de defensa de la naturaleza”. Esta fructífera dimensión del ecologismo se incluía en el mismo apartado en el que se abordaba la jornada reducida para mujeres casadas.

Aquel año, el Partido Socialista situó la cuestión medioambiental junto a áreas más apropiadas, como la salud pública, la educación o el turismo. Aunque la ubicó en los últimos párrafos del programa, un indicador poco esperanzador.

Alianza Popular incluyó una mención en “el orden agrario”. Dado el abrupto devenir de la ecología entre los populares, resulta sorprendente encontrar en su programa la primera manifestación de una comprensión transversal de la ecología. La emoción se modera al descubrir que se desarrollaría una política “coherente con las necesidades futuras desde los puntos de vista económico y ecológico que impida la desertización de grandes zonas productivas”. Las medidas de orden ecológico debieron de estimarse como necesidades muy futuras, porque las únicas que se proponían eran de orden económico. Con este planteamiento AP parecía asegurarnos una explotación agraria provechosa en el corto plazo, hasta alcanzar límites de desertización en los que nuestra vida comenzara a estar en peligro. Pero moderen sus embates, que en caso de coincidir este escenario apocalíptico bajo su gobierno, mostrarían una disposición a tomar medidas.

El partido que aquel mismo año comenzaba a ser liderado por Manuel Fraga, manifestó en su programa tener conocimiento de la relación entre las prácticas industriales de la época y el daño al medio ambiente. Sin embargo, no se proponía ninguna medida para revertirlo. Irónicamente, la política en la que más se desarrollaba la dimensión ecológica era en desarrollo urbano.

En el programa del PSOE la transversalidad resultaba menos jocosa, pero igual de vaga. “La política de defensa de los recursos naturales” en política agraria no garantizaba el cuidado del medio ambiente, al que no se hacía mención explícita. Sí incluyeron una mención en la política energética, aunque sujeta al matiz de “tener en cuenta la racionalidad económica”. En los programas que siguieron quedó claro que no sólo se trataba de “tener en cuenta”, sino de priorizar.

La llegada de las políticas medioambientales

Así llegamos a 1982. Las referencias a la ecología o al medio ambiente se incrementaron en los programas de ambos partidos de manera proporcional a su preocupación por asegurar el suministro energético a cualquier coste. En esta materia ambos partidos se caracterizaron por la incoherencia de posiciones.

En el caso de Alianza Popular se proponía el pago de impuestos más elevados por parte de aquellos que más contaminaran, al mismo tiempo que se defendía el impulso del carbón como principal fuente energética. La brillante estrategia consistía en conceder privilegios en competencia energética a quien se pretendía castigar con multas.

El Partido Socialista mantuvo una línea similar de contradicción. Mientras recordaba la existencia de energías limpias y renovables, en las que “se pondría el máximo empeño en su expansión”, se desarrollaban medidas para dar mayor protagonismo al carbón.

Una anécdota que les sacará una sonrisa (de esas que también agudizan la úlcera de estómago), en relación al diseño de infraestructuras sostenibles. En el programa de 1982, Alianza Popular señalaba que “el número de aeropuertos en servicio en España es excesivo y de escaso rendimiento”.

Lo que destilaban los programas de los ochenta era que los partidos se habían percatado de la necesidad de contemplar la dimensión medioambiental. Aunque el superficial y torpe tratamiento de la cuestión apunta a que respondía a razones electoralistas y presiones de otros movimientos, más que a una iniciativa propia.

De hecho, ambas formaciones marcaron como prioritario el crecimiento económico y la seguridad. No sólo estimaban que el medio ambiente no era un componente de estas dimensiones, sino que se entendían como elementos antagónicos y se presentaban bajo una disyuntiva: o crecemos o cuidamos el medio ambiente.

La nota de color la aportó Alianza Popular en el programa de 1986. Por primera vez hacían mención a las energías renovables, pero para oponerse a ellas, por lo dañinas que resultaban… ¡Para el medio ambiente!:

foto-2“la experiencia adquirida en estos 10 años de grandes esfuerzos para poner a punto energías de carácter renovable, (…) ha hecho ver que sus costes (…) son elevados y que, por otra parte, inciden notablemente en el medio ambiente, al requerir grandes superficies de suelo para obtener cantidades apreciables de energía”

AP continuaba juzgando oportuno incluir el medio ambiente en un cajón de sastre denominado “Una vida de calidad para todos”, con temas tan dispares (y abandonados a las últimas líneas del programa) como “familia, consumo, tercera edad, infancia o disminuidos físicos y mentales”.

En 1986, el PSOE dio un primer paso en materia energética. En aquel programa seguía reconociendo como prioritario el autoabastecimiento, pero esta vez asumía como un reto necesario “la combustión limpia” y la inversión en “energía solar y alternativas”. Al igual que Alianza Popular, el Partido Socialista llevaba años insistiendo en la sustitución paulatina del petróleo, aunque en este caso respondía más a una cuestión de soberanía energética que a una preocupación por los efectos del petróleo sobre nuestro entorno.

Las áreas en las que actuar se incrementaron: polución atmosférica, contaminación de aguas, residuos, conservación de la naturaleza, información e investigación o participación ciudadana. El problema es que no se explicitaba ningún tipo de medida. La falta de concreción, arrastrada hasta nuestro días, en ambos partidos permitió la ambigüedad bajo la que se han amparado muchas políticas relacionadas con el medio ambiente.

Ese año se presentó por primera vez a las elecciones generales Izquierda Unida. Su programa incluía planteamientos en relación al medio ambiente muy novedosos. Ningún otro partido había indicado que la salud de los trabajadores también dependía del entorno en el que ejercían su actividad.  Las consideraciones ecológicas se extendían al diseño y uso de infraestructuras. Fueron los primeros en hacer referencia a la relación entre el entorno, la estructura urbana y la política de vivienda. Y fue un partido pionero, en España, en entender la protección de las políticas agrarias y ganaderas desde una perspectiva ecológica.

Sin embargo, en materia energética encontramos una política de Estado. Izquierda Unida mantenía las posiciones de Alianza Popular y del Partido Socialista, dando más peso a la soberanía energética que a los efectos sobre el medio ambiente como consecuencia del uso de determinadas energías.

A pesar de tomar la delantera, aún quedaban muchas lagunas. Izquierda Unida “proponía una concepción integradora”, pero no era lo que aparecía en su programa y, como el resto de partidos aunque en menor medida, faltaban medidas concretas, una visión transversal y sobraban declaraciones grandilocuentes pero vacías políticamente.

En los tres partidos, especialmente en el área energética, fue frecuente la propuesta de medidas que dañaban el medio ambiente, de modo que el incremento de las menciones a la dimensión ecológica se reducía a una porosa declaración de intenciones.

En el programa de 1989 del ya Partido Popular, se revelaba una reconsideración de las políticas medioambientales mantenidas hasta el momento. Tanto es así, que el programa lo abrió la sección “Una calidad de vida”, en la que se incluía el medio ambiente.

El PP parecía haber encontrado motivos para esforzarse en dar visibilidad a su preocupación por el cuidado del entorno. Aunque en la mayoría de las propuestas no se especificaba cómo se llevarían a cabo, el salto es remarcable: mejora de la calidad sanitaria de las playas, control de residuos tóxicos, tratamiento de basuras urbanas, reducción de contaminación atmosférica en áreas urbanas, protección de zonas húmedas, un programa de reforestación o intensificación de las inspecciones.

En materia energética el Partido Popular insistían en el uso del carbón, pero esta vez bajo un consumo “sin crear perjuicios permanentes para el entorno”. La inversión en energías renovables ya no era despreciada, ni marginada y se preveían grandes inversiones y esfuerzos para continuar la investigación.

El PSOE incorporó a su programa de 1989 algunas medidas nuevas y amplió el espacio entendido como medio ambiente, por ejemplo, a la contaminación acústica. Aunque de manera muy sucinta, por primera vez, en el programa del Partido Socialista, el medio ambiente se relacionaba con el crecimiento económico y se incorporó el vínculo con el diseño de las ciudades, la desigualdad o el desarrollo del transporte público.

A finales de los ochenta Izquierda Unida continuaba sobrepasando al resto de partidos en esta materia. El programa recogía análisis precisos e integrales sobre la situación medioambiental en España, desde los problemas más graves hasta la legislación existente. Se mantenía la sensibilidad ecológica y la extensión del programa anterior dedicada a la cuestión con la ampliación de propuestas en algunos de los sectores.

Con los matices señalados, en los programas de la primera mitad de los ochenta las deficiencias fueron muy similares en todos los partidos. Las políticas medioambientales no se tomaban en serio. Es cierto que su presencia había aumentado, respecto a la década de los setenta, y se había insertado en múltiples áreas. Sin embargo, no existía una continuidad; las políticas medioambientales respondían a las demandas que existían en el período de redacción de los programas y después se abandonaban. Había una carencia de análisis sobre la situación en España y sobre proyecciones a futuro, lo que marcaba una aparición y desaparición arbitraria de los temas y la ausencia de medidas específicas.

 

Continuación del artículo en Las páginas verdes de la política española II

2 Responses to "Las páginas verdes de la política española (I)"
  1. Antonia dice:

    Los que hacen los programas no creen en las políticas energéticas. Una barbaridad por ejemplo : el sol que tenemos en España y que se aproveche poco. Habiendo países como Alemania con pocas horas de sol y cada vez más utilizan esa energía. Por cierto me ha gustado lo de los aeropuertos.

    • Efectivamente, Antonia. En los programas queda claro que no existe una voluntad política de buscar alternativas, a pesar de las oportunidades que ofrece España. La soberanía energética es una cuestión de gran trascendencia política y, sin embargo, a penas hay debate en torno a las decisiones que se toman y cómo nos afectan.

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