REPORTAJE

Cuando la geología adquiere importancia...

  • El Geoparque de Molina tiene una extensión de 4.186,9 km2
  • El Parque Natural del Alto Tajo forma parte de un Geoparque

Algunos piensan que no tiene trascendencia. Otros, en cambio, conocen sus valores. Y los aprecian. Hablo de la geología. Una realidad que es desconocida entre muchos. Pero que, a pesar de ello, posee una gran riqueza. La UNESCO es consciente de ello. Por esta razón, ha brindado su apoyo a esta temática. Sobre todo a partir de noviembre de 2015, admitiendo en su seno a los Geoparques. Sin embargo, ésta se trata de una figura más antigua. Surgió durante la década de 1990 en Europa. Y, desde entonces, no han dejado de expandirse.

Pero ¿en qué cosiste el mencionado reconocimiento? “Son territorios que cuentan con un patrimonio geológico importante, que es utilizado para la creación e impulso de un programa de desarrollo local basado en la promoción de esa riqueza geológica”, indica Luis Carcavilla, investigador titular del Instituto Geológico y Minero de España (IGME). De hecho, la mencionada figura se basa en tres principios fundamentales: la existencia de la riqueza geológica, que sirve de eje conductor; el desarrollo de propuestas de conservación y de divulgación; y favorecer el desarrollo socioeconómico y cultural a escala local. “Por ello, los Geoparques deben tener unos límites claramente definidos y una extensión adecuada para asegurar el progreso económico de la zona, pudiendo incluir áreas terrestres, marítimas o subterráneas”, señalan desde el IGME.

A pesar de ello, es una figura que puede tener diferentes enfoques. “Por ejemplo, tienes un Geoparque como el de Molina–Alto Tajo, que busca sobre todo un desarrollo rural de la zona. Pero, al mismo tiempo, hay otros –con un número de visitantes de por sí elevado– que lo que pretenden es crear una marca turística”, explica Catalina González, una estudiante de doctorado que está trabajando sobre este tipo de espacios en España. “Se trata de una realidad muy amplia”, afirma.

En la actualidad, hay más de un centenar de estos espacios en el mundo, repartidos en 32 países diferentes. El mayor número se encuentra en Europa –con 64 ejemplos en 22 Estados– y en China, donde también se ha apostado por esta figura. “Ahora, se está debatiendo la forma de exportar esta idea a otros lugares, como América Latina o África. Pero siempre respetando las especificidades locales”, comenta Catalina González.

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Un cañón en Molina.

España posee diez reconocimientos de este tipo. Entre ellos se encuentra el del Maestrazgo, que –junto con otros tres enclaves de Alemania, Francia y Grecia– fue uno de los pioneros en el mundo. Era la década de 1990 y la idea de Geoparque comenzaba a dar sus primeros pasos. En el año 2000 se constituyó la Red Europea de esta figura por parte de los cuatro enclaves mencionados, que pasaron a ser miembros fundadores de la misma.

Y, desde entonces, la mencionada realidad no ha parado de crecer. De hecho, en 2004 –y tras un acuerdo con la UNESCO– se fundó la Red Global de Geoparques –GGN, en sus siglas en inglés–. Su ámbito de acción era mundial. De hecho, se formó a partir de los espacios que existían en Europa y en China. Una progresión positiva que se mantuvo y que ha permitido superar el centenar de ejemplos existentes en la actualidad. Además, hace apenas unos meses –en noviembre de 2015– se vivió un nuevo hito. La GGN obtuvo la plena adscripción al área de Ciencias de la Tierra de la UNESCO. Un reconocimiento que ha supuesto un impulso para esta figura.

Sin embargo, los Geoparques no llevan aparejada una salvaguarda reforzada del entorno. “No  es  una  figura  de protección    ni  lo  pretende, aunque  desde  ellos  se  pueda  contribuir  a  la preservación del patrimonio geológico”, señalan los responsables del Comité español de Geoparques. “No se trata de un área protegida, por lo que no establece regímenes de uso ni prohibiciones”, complementa Luis Carcavilla. Lo que se busca es un objetivo más amplio: integrar a los vecinos en el proyecto. “Se interesa tanto por la calidad de vida de sus habitantes como por la riqueza geológica del territorio”, explican desde el Comité hispano.

Por ello, las normas de declaración y control de los mencionados espacios son muy exigentes. “Cada tres años, todos los socios son evaluados y pueden llegar a perder la condición de miembro de la Red Europea”, explican desde el IGME. “Se valora especialmente el desarrollo del geoturismo, la conservación del medio natural y la colaboración entre miembros de la Red”, añaden. En definitiva, para ser reconocida con esta figura, “se tiene que garantizar de alguna manera que su patrimonio esté protegido”, confirma Catalina González.

¿Y qué pasa con España?

Y, en este contexto, ¿qué tal se encuentra nuestro país en lo que a los Geoparques se refiere? Actualmente cuenta con once espacios incluidos dentro de la GGN. Además, fue uno de los cuatro países fundadores de la Red Europea. Por tanto, tiene una gran tradición en este ámbito.  Y, entre los ejemplos españoles, debe mencionarse el de Molina de Aragón-Alto Tajo, declarado en septiembre de 2014 y ubicado en la provincia de Guadalajara. “El caso molinés es muy especial, porque cuenta con valores geológicos muy importantes, con afloramientos únicos a nivel mundial”, asegura Luis Carcavilla.

Entre ellos se halla el estratotipo de Fuentelsaz. “Es un lugar en el que se encuentran las rocas de referencia para todos los científicos que estudian el tránsito del Jurásico Inferior al Jurásico Medio”, explica Luis Carcavilla. “Es una de las grandes joyas de la geología española”, añade. En este sentido, los estratotipos son “emplazamiento que se utilizan como patrones o modelos para comparar con otros puntos donde el registro no sea tan completo o no se haya conservado con tanto detalle”, explican desde Molina–Alto Tajo. Por ello, el Gobierno de Castilla–La Mancha ha accedido a su protección oficial. Y lo ha hecho bajo la calificación de «Monumento Natural». “Ha sido un proceso rápido y eficaz, que ha contado con el apoyo del Ayuntamiento de Fuentelsaz, de la comunidad científica y del Geoparque, que ha facilitado la comunicación entre todas las partes”, confirma Luis Carcavilla.

Sin embargo, la riqueza del Geoparque Molina–Alto Tajo no queda aquí. Otro de los elementos que lo define es la variedad pétrea que posee. “Sus rocas son el registro de millones de años de historia de la vida y de la Tierra. Gracias a ellas sabemos que este territorio fue en su día un gélido mar cubierto por icebergs, una zona litoral asolada por erupciones volcánicas explosivas, o el fondo de un cálido mar tropical rebosante de vida [según la época]”, explican los gestores del espacio. “En este territorio, además, se conservan afloramientos con más de 400 millones de años de antigüedad, junto a otros que están en pleno proceso de formación”, añaden.

Una variedad geológica que se observa en todo el espacio. Pliegues, fallas, terrenos kársticos, cañones, simas…. Estos son algunos de los ejemplos que se pueden encontrar en la zona. Existe, también, una gran multiplicidad de restos fósiles. Incluso, hay un mineral que fue definido por primera vez en esta comarca. Se trata del aragonito. “En el municipio de Molina de Aragón se encuentra su localidad–tipo, es decir, el lugar donde se extrajeron los ejemplares que permitieron su primera caracterización a nivel mundial”, confirman desde el Geoparque. “Este mineral se conoce en todo el mundo como aragonito –con sus correspondientes adaptaciones lingüísticas– en honor a Molina de Aragón”, añaden.

Sin embargo, los valores geológicos –aunque muchos y notables– no son el único atractivo del Geoparque. “Tiene otros elementos de tipo patrimonial muy relevantes, como puede ser la arquitectura religiosa o los castillos, que crean un conjunto muy complejo, con muchas int

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Formación geológica en Molina-Alto Tajo.

eracciones en su seno” indica Luis Carcavilla. Así, en este espacio también se pueden visitar desde pinturas rupestres –la Cueva de los Casares– a restos celtíberos –como el castro del Ceremeño o el de Peña Moñuz–, además de vestigios romanos, entre los que destaca el acueducto de Zaorejas. Sin olvidar fortalezas medievales o iglesias y casonas de muy diferentes estilos.

No en vano, este espacio molinés se expande hasta los 4.186,9 km2 y afecta –total o parcialmente– a 70 términos municipales. A pesar de ello, se encuentra poblado únicamente por 10.370 habitantes, de los cuales un tercio viven en Molina de Aragón. “Es la figura de estas características más grande de España, pero la que menos población tiene”, confirman sus responsables. Además, en su interior hay varios espacios protegidos. Quizá el más conocido sea el Parque Natural del Alto Tajo. Por ello, Javier Lario, profesor titular de la UNED, valoriza la riqueza del conjunto. “No hay que olvidar que el Alto Tajo se encuentra integrado en los límites del Geoparque”, explicita Lario.

El origen de todo.

De hecho, el mencionado Parque Natural estuvo muy presente en el origen del mencionado Geoparque. “Esta iniciativa surgió fundamentalmente de la confluencia de varias personas. Una de ellas era Rafael Ruiz, director del Alto Tajo, que nos dio la primera idea y las nociones iniciales al respecto”, explica el gerente del Geoparque molinés, Juan Manuel Monasterio. Sin embargo, no fue hasta 2014 cuando llegó la declaración oficial. “Conseguimos el apoyo inmediato del Ayuntamiento de Molina y de la Diputación de Guadalajara, que nos han dado parte de la financiación”, añade.

Un trabajo en el que, además, se ha implicado la Asociación de Amigos del Museo de Molina. Porque, cuando se concedió el mencionado reconocimiento, “o había que crear un organismo desde la Administración para gestionarlo o nos teníamos que basar en algo que ya estuviera funcionando”, explica Monasterio. Por ello, eligieron a la mencionada agrupación cultural. Una labor en la que, además, también se pidió ayuda a la UNED. De hecho, la mencionada universidad se ha convertido en uno de los principales dinamizadores culturales y científicos de la zona, a través de la organización de conferencias, cursos de verano y otras actividades.

La importancia de la divulgación.

Precisamente, una de las finalidades del Molina–Alto Tajo es dar a conocer la importancia de los elementos existentes en su interior. Y, para ello –además de acción de la UNED–, se han establecido una serie de iniciativas adicionales. Entre ellas se encuentran la realización de talleres formativos e infantiles, el establecimiento de exposiciones permanentes, de cursos formativos o de rutas especializadas. “Nos encontramos ante una herramienta que debe servir, ante todo, a la gente que vive en el territorio y a aquellos que aman la geología”, explicita Juan Manuel Monasterio. “Y para conseguir este objetivo hace falta que los ciudadanos de la zona se conciencien de los valores existentes en este espacio y que se encuentren orgullosos de los mismos”, añade. Así habrá una mejor conservación.

Por tanto, el Geoparque molinés –como el resto de espacios que se cobijan bajo este reconocimiento– se constituye como un elemento muy importante. Y lo es porque pone en valor una serie de atractivos que, de otra manera, serían prácticamente desconocidos. Sin embargo, Juan Manuel Monasterio señala que esta figura no es un fin en sí mismo. “Se trata de una herramienta que tiene que evolucionar en función de un objetivo último, que es el desarrollo rural”, explica. “Tenemos que conjugar el desarrollo turístico y la explotación  de los recursos –en el buen sentido de la palabra–, con la conservación del espacio”,  concluye.

One Response to "Cuando la geología adquiere importancia…"
  1. Mar dice:

    Excelente reportaje que nos hace desear ir al Geoparque molinés ya mismo

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