Agustín Sánchez: “El peso de EE.UU. en la relación bilateral con México es abrumador”

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Agustín Sánchcez, coautor de “Historia de las relaciones entre España y México, 1981-2014”

Casi dos siglos de historia compartida entre dos países que, en realidad, están muy cercanos. Éste es el tema del libro “Historia de las relaciones entre España y México, 1981-2014”, escrito por Agustín Sánchez Andrés y Pedro Pérez Herrero. Dos expertos que han querido compendiar en una sola obra una realidad que, hasta ahora, era fragmentaria. Había muchos estudios relaciones hispano-mexicanas –algunos muy buenos–, pero se centraban en temas o periodos concretos. Por tanto, la labor de Sánchez y Pérez tiene una gran relevancia, gracias a su compromiso sistematizador. Un esfuerzo que está dado sus frutos. El resultado ha sido un trabajo coherente, didáctico y muy elaborado, que se encuentra en proceso de presentación. De hecho, hace unos días se hacía un acto público en el Ateneo Español de México para darlo a conocer. Fuego Amigo se acercó a la cita y habló con uno de los autores: Agustín Sánchez, con el que repasamos la política exterior de la nación americana desde su independencia en 1821 hasta la actualidad.

Hace unos días presentaba su libro centrado en los 200 años de relaciones entre México y España. ¿Cuáles son las finalidades del compendio?

En un momento determinado, los dos autores de la obra, Pedro Pérez Herrero y yo mismo, nos dimos cuenta que no había un estudio de conjunto sobre las relaciones México-España. Sí que existía una multiplicidad de trabajos que analizaban dicha realidad desde diferentes perspectivas –como la política, la económica, la demográfica y la cultural–, así como en periodos concretos. Pero no había un texto global de las relaciones entre ambas naciones los últimos 200 años.

Por ello, consideramos que era interesante realizar un trabajo de conjunto, desde la perspectiva braudeliana de la larga duración histórica. De esta forma, quisimos hacer una obra en la que se viera cuál había sido la evolución de las relaciones México-España desde la independencia en 1821 [momento en el que se firmaron los Tratados de Córdoba], hasta la actualidad.

Sin embargo, la emancipación mexicana no fue reconocida por España hasta 1836. ¿Por qué se tardó tanto tiempo en admitir esta independencia?

Hubo un momento clave en este sentido, que se produjo durante el Trienio Liberal [español, acaecido entre 1820 y 1823], en el cual los liberales de ambos países estuvieron muy cerca de alcanzar un acuerdo. De hecho, fue un tema que se discutió en varias ocasiones en las Cortes hispanas. Se llegó a presentar un proyecto de Confederación, que fue apoyado por los sectores más radicales del liberalismo español. Pero el problema fue la negativa del rey, Fernando VII, a cualquier solución en este sentido.

Más tarde, los acontecimientos se precipitaron con la independencia unilateral de México, acaecida en septiembre de 1821. En este sentido, el monarca español no sólo no reconoció la emancipación mexicana, sino que intentó reconquistar el mencionado territorio en 1829, mandando una expedición de unos pocos miles de soldados.

¿Y por qué este empeño de Fernando VII por recuperar este espacio?

Fernando VII tenía un concepto patrimonial de la monarquía y se veía incapaz de reconocer la pérdida de una gran parte del territorio que le había legado su padre. No quería constituirse como el monarca que había perdido el Imperio.

Ha comentado durante la presentación del libro que hay dos países que, tradicionalmente, han centrado los estudios de las relaciones internacionales de México. Uno es España y el otro, Estados Unidos. En el caso de este último, durante la Primera República Federal Mexicana –que tuvo lugar entre 1824 y 1835– quiso influir en su vecino del sur través del ministro plenipotenciario Joel Roberts Poinsett. ¿Qué opinión le merece la mencionada figura?

Poinsett fue un agente de su gobierno. Se le envía a México para apartar cualquier posibilidad de reconciliación con España. Con este objetivo, Poinsett fundó las logias yorkinas, más proclives al liberalismo político y a los Estados Unidos. Unas posturas enfrentadas a las de las logias escocesas, que eran prohispánicas. Hay que aclarar que en esta época los partidos en México no estaban todavía estructurados. Por tanto, los primeros embriones de participación política fueron las sedes masónicas, que eran los espacios donde se habían reunido las élites nacionales tras la independencia.

Dando un pequeño salto en el tiempo, nos acercamos hasta el Porfiriato, que se prolongó entre 1876 y 1911. ¿Cómo definiría las relaciones internacionales mexicanas durante este régimen?

A lo largo de los mandatos de Porfirio Díaz es cuando México comienza a articular un servicio diplomático, que anteriormente casi no existía. Previo al Porfiriato, México tenía relaciones con Estados Unidos y con las principales potencias europeas. Nada más. Y tras la intervención francesa, Benito Juárez [quien estuvo en el poder hasta 1872] rompió relaciones con todos aquellos países que habían reconocido al régimen de Maximiliano [1863- 1867].

Por tanto, es a partir del Porfiriato cuando México articuló un servicio exterior moderno, estableciendo relaciones con la mayor parte de los países independientes, no sólo de Europa, sino también de América Latina. De hecho, durante los gobiernos de Díaz, México jugó un papel exterior importante en algunos lugares como Centroamérica, llegando a hacer contrapeso al poder de los Estados Unidos.

Y en la política diplomática mexicana, ¿qué influencia tuvo la llegada del Estado posrevolucionario?

La Revolución de 1910 significó la aparición de una serie de procesos muy interesantes en el interior del país. Por ejemplo, a partir de la Constitución de 1917 México se convirtió en uno de los Estados más avanzados del mundo en legislación social. Otra cosa es que esas disposiciones se llevaran a cabo. En muchas ocasiones se quedaron en «agua de borrajas».

Al mismo tiempo, el movimiento revolucionario convirtió a México en un «paria internacional». Por ejemplo, no fue invitado a formar parte de la Sociedad de Naciones cuando se creó en 1919. Se le consideraba como un «Estado no responsable» desde el punto de vista de la política exterior, porque los gobiernos revolucionarios y posrevolucionarios cuestionaron las inversiones extranjeras en diversos ámbitos, como el petrolero.

México salió de la marginación internacional mucho más tarde. Fue un proceso que se dio a partir de la normalización de las relaciones con Estados Unidos durante la presidencia Manuel Ávila Camacho (1940-1946). Pero la acentuación de este cambio se produjo cuando el gobierno mexicano empezó a poner en valor su capital moral gracias a la defensa que hizo de la democracia. Sobre todo, frente a la cobardía y a la política contemporizadora de las potencias occidentales durante el progresivo ascenso del fascismo. No hay que olvidar que fue el gobierno mexicano quien propuso en 1946 la exclusión de la España franquista de la ONU.

¿Y qué importancia tuvo en las relaciones internacionales la nacionalización de los petróleos realizada por Lázaro Cárdenas?

Esta medida tuvo un peso más importante en el interior del país. Fundamentalmente desde la perspectiva de la construcción de un imaginario nacionalista. Dicha medida le dio a México autosuficiencia energética y recursos propios. Pero cuando realmente el petróleo se convirtió en un motor de desarrollo fue a partir de la crisis de 1973, que provocó el incremento del precio de dicha materia prima en el mercado mundial. Una carestía que otorgó un sobredimensionado protagonismo exterior a los Estados productores, respecto al peso político que dichos países habían tenido hasta ese momento.

En cualquier caso, la nacionalización del petróleo tuvo una mayor importancia desde el punto de los imaginarios que hacia el exterior, al convertirse en uno de los hitos de la construcción de México como una nación moderna e independiente frente al contexto internacional.

¿Fue esta filosofía de modernidad e independencia la que estuvo en la base de la recepción de los exiliados republicanos españoles por parte del gobierno de Cárdenas?

Cárdenas, fundamentalmente, era un idealista. Él tenía una identificación profunda con los sectores republicanos españoles. Por tanto, su decisión de acoger a estos grupos se basó no en fríos cálculos políticos, sino en la solidaridad.

En cualquier caso, los exiliados españoles tuvieron un importante papel en México. Quizá no tanto en lo económico, pero sí en lo social y en el desarrollo cultural.

Actualmente, ¿hacia dónde van las relaciones exteriores de México? Sobre todo tras las presidencias de Miguel de la Madrid (1982-1988) y de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), que fueron los introductores del neoliberalismo en México.

Las relaciones exteriores mexicanas, con los últimos gobiernos, han vivido un cierto impase. Las viejas líneas que habían caracterizado al Estado autoritario creado por el PRI, y que se basaban en la independencia frente al exterior –más formal que real–, han quedado en un segundo plano. Y esto ocurre por la importancia de los procesos internos, que han provocado que la política exterior se quedase en una especie de limbo. No hay unos objetivos claros en la misma, a diferencia del periodo anterior, cuando las relaciones internacionales estaban al servicio del interior. Hay que tener en cuenta que los trabajos diplomáticos tuvieron un sesgo progresista. Un enfoque que se mantenía a medida que el régimen priísta se iba haciendo cada vez más conservador. De esta forma, se pretendía justificar ideológicamente esa deriva hacia el conservadurismo del interior.

Durante los últimos años, ¿ha habido un acercamiento a los Estados Unidos?

Indudablemente que lo ha habido. Sobre todo durante el gobierno de Felipe Calderón (2006-2012). En el caso de Vicente Fox (2000-2006) no tanto. Recuérdese que México, cuando estaba en el Consejo de Seguridad de la ONU, se negó a votar a favor de la intervención en Irak de 2003.

En cualquier caso, el 70% o el 80% de la actividad económica mexicana está vinculada al mercado estadounidense. Por ello, la relación entre ambas naciones es muy compleja. Y la prioridad de la política de México es tener unas buenas relaciones con Estados Unidos. Pero de ahí a decir que existe una subordinación, yo creo que no. México defiende sus intereses, pero reconozco que el problema es que el peso de EE.UU. en la relación bilateral es abrumador.

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2 Responses to "Agustín Sánchez: “El peso de EE.UU. en la relación bilateral con México es abrumador”"
  1. Enrique Romero dice:

    Buenas preguntas y mejores respuestas de Agustín Sánchez. Enhorabuena a entrevistador y entrevistado.

  2. Ángeles dice:

    Magnífica entrevista. Este periodismo es necesario; periodismo del bueno!!!!

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