Elecciones en Eslovenia: Fisuras para el cambio

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En la imagen, Janez Janša: candidato/presidiario del SDS a las elecciones generales eslovenas de 2014.

El 13 de julio se celebraron elecciones anticipadas en Eslovenia. Las crónicas realizadas poco después del cierre de las urnas señalaron las sorpresas de la noche. La más destacada fue la victoria de Miro Cerar, un profesor de derecho que creó su partido – el «Partido de Miro Cerar» – en una fecha tan reciente como el 2 de junio de este mismo año, un mes y once días antes de la celebración de las elecciones. Los comicios, además, dejaron noticias como el hundimiento de los Socialdemócratas, que se quedan con cinco escaños en un Parlamento de noventa; la subida de Desus, el Partido Democrático de los Pensionistas, que se erige como llave del nuevo gobierno con sus diez escaños; la salida del parlamento de Pozitivna Slovenija, el partido más votado de las pasadas elecciones; y la entrada de la coalición de izquierdas Združena levica, que con sus 6 escaños será el único partido de oposición a las medidas de la troika en Eslovenia.

Entre tantas sorpresas, el lector o lectora podría pensar que nos encontramos ante un cambio de calado en la vida política eslovena. La respuesta, como tantas veces, es menos clara de lo que podría parecer. La aparente inestabilidad del sistema de partidos esloveno se ha manifestado en diversas ocasiones. Desde la independencia, han sido varios los partidos de gobierno que han devenido en extraparlamentarios. El ejemplo más claro fue el de la Democracia Liberal (LDS), que dio dos primeros ministros (entre ellos el carismático Janez  Drnovšek) que gobernaron durante doce años. Tras la práctica desaparición del LDS surgió una nueva fuerza que no pretendía sustituirla, sino ocupar un nuevo espacio gracias al liderazgo del todavía alcalde de Ljubljana, el otrora carismático Zoran Janković. Nacido en Belgrado, y con una capacidad para las relaciones públicas poco habitual en Ljubljana, es frecuente verlo pasear por el centro de la ciudad y conversar con quien quiera acercársele. Pero su breve historia en política nacional fue intersectada con fuerza por la agitación vivida en la política Eslovenia desde finales de 2012. En las elecciones de julio también desapareció la Lista de Gregor Virant, antiguo ministro de Administraciones Públicas de la derecha que en 2011 creó una organización que pretendía proyectar la imagen del tecnócrata eficiente. Entre 2011 y 2014, su partido apoyó indistintamente a los gobiernos de derechas y social-liberales, e incluso ingresó en el gabinete de Alenka Bratušek como ministro de Interior. Los resultados de la Socialdemocracia, finalmente, también apuntan en esa dirección.

Todo ello – los cambios de siglas y la rápida irrupción de nuevos líderes – ha sido posible porque Eslovenia nunca ha dejado de ser leal al camino que se propuso tras la independencia. Primero, como alumna aventajada de los candidatos a la Gran Ampliación de 2004 y, luego, tras el inicio de la crisis del euro, como país que cumple sus compromisos y evita el rescate de la troika. Los consensos básicos de la vida política de ese pequeño país han estado claros desde un principio y, desde ese punto de vista, las elecciones de julio representan una continuidad. En la Eslovenia independiente, las personalidades son más importantes que las siglas, exceptuando el caso de la Socialdemocracia, conformada por cuadros provenientes de la Liga de los Comunistas de Eslovenia y que conserva un importante componente de lealtad a la organización. En apariencia, Miro Cerar no deja de conjugar los términos en los que se definió el régimen de la independencia entre 1990 y 1992: un carácter personalista, en contraposición a las estructuras partidistas vigentes hasta ese momento, así como el recurso al centrismo liberal como forma de reconducir a la base social de izquierdas que no rechaza el pasado socialista.

Y sin embargo, el sistema se empieza a romper. Las elecciones de julio de 2014 bien pueden ser definidas como «el último vals» del régimen de la independencia, similar a lo que significaron las de noviembre de 2011 para el régimen de la transición en España. En ese último país, la ausencia de alternativas a la altura de la crisis del sistema político reprodujo, por pura inercia, el patrón bipartidista, otorgando la mayoría absoluta al PP. Sin embargo, aspectos como la espectacular caída del PSOE, los resultados de la izquierda abertzale, el crecimiento de UPyD y la subida de Izquierda Unida, hacía presagiar una eventual ruptura en el sistema de partidos.

En Eslovenia, ese presagio viene dado por dos vías. La primera está relacionada con la deriva de la derecha de ese país, fuertemente vinculada al liderazgo de Janez Janša. Sobre esa turbia figura, amada y odiada con la misma intensidad, han planeado diferentes escándalos desde que en 1988 fuera detenido y procesado por el Ejército yugoslavo, lo que lo convirtió en todo un icono pop en el país.Ya estuvo implicado en la importación de las armas utilizadas para la Defensa Territorial eslovena entre 1990 y 1991, así como en el tráfico de armas desde su país a Bosnia y Hercegovina y Croacia; pero fue a raíz de otro caso relacionado con la compra de material militar que acabó ingresando en prisión este mismo verano. Desde hace un año, cuando fue condenado por haber cobrado sobornos de la empresa finesa Patria (a la que Eslovenia había comprado 135 carros de combate de infantería en 2006, siendo Janša presidente del Gobierno), la derecha política y social entró en una profunda crisis.

Las desgarradores imágenes de sus fieles seguidores al conocer la noticia de la condena de Janša a dos años de prisión, fueron un presagio de las portadas de sus medios afines. Demokracija, fiel reflejo del pensamiento del líder de la derecha eslovena, titulaba a la siguiente semana que «La historia se repite como farsa», en referencia a su detención y enjuiciamiento en 1988. De hecho, en la fotografía del juzgado que acompañaba a la noticia, se adornó, vía digital, una de sus paredes, de modo que luciera una estrella roja con una hoz y un martillo. Pero sobre todo, todas esas reacciones eran sintomáticas de hasta qué punto la derecha eslovena estaba en crisis. Y ello se vio claramente en las reacciones de los portavoces del SDS (Partido Democrático Esloveno) tras la proclamación de los resultados de las elecciones, a las que Janša acudió como candidato/preso (creando así otra analogía con 1988, pues en aquél momento, era candidato a presidir la Liga de la Juventud Socialista de Eslovenia). Así, al día siguiente de la elección, pidieron la intervención de la Unión Europea ante la celebración de unas elecciones «ilegítimas». Para Milan Zver, jefe de la delegación del SDS en el Parlamento Europeo, el caso Patria ya había alterado hasta dos elecciones parlamentarias eslovenas (el escándalo estalló en plena campaña de las generales de 2008, tras las que se conformó un gobierno de centro-izquierda), por lo que considerarían como ilegítimo al nuevo gobierno.

El punto de vista de Zver es compartido por una parte importante de la sociedad eslovena, que ha caído en un cierto victimismo ante una figura, la de Janša, que siempre jugo a ser martir. Es posible que el mesías de la derecha eslovena vuelva a la política tras su salida de prisión, pero en ese caso lo hará con un discurso radicalizado y con una actitud rupturista.

El segundo elemento que hace presagiar un cambio profundo en la política eslovena es la entrada en el Parlamento de Združena levica (Izquierda Unida). Con sus seis parlamentarios, han superado a la Socialdemocracia y se perfilan como única fuerza política que se opondrá a las políticas de austeridad promovidas por la Troika de acreedores de la deuda de las periferias europeas. Sus parlamentarios provienen de tres fuerzas políticas diferentes (la Iniciativa por el Socialismo Democrático, el Partido Democrático del Trabajo y el Movimiento por el Desarrollo Sostenible), así como activistas del movimiento de protestas de 2012-2013, que se coaligaron en marzo de este año con el padrinazgo de Die Linke y Syriza. Desde una perspectiva aritmética, el grupo de la izquierda tendrá pocas posibilidades de sacar adelante sus iniciativas. Sin embargo, el Parlamento será una gran oportunidad para unos diputados que supieron explotar sus perfiles en los medios de comunicación, precisamente por sus diferencias con respecto a la media de la clase política eslovena, mucho más acartonada y poco dada a experimentar con nuevas formas y nuevos discursos.

Ese es el escenario esloveno; sin embargo, si hay un patrón que se puede observar en la historia dinámica política de ese país, es su dependencia con respecto a los cambios geopolíticos en Europa. El electorado esloveno ha sabido, una vez más, nadar y guardar la ropa. Si hay una hipótesis que se puede dar por (casi) segura, es la de que la dirección que tome la política eslovena estará estrechamente relacionada con la deriva de la crisis del proceso de integración europeo.

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